sábado, 21 de mayo de 2011

¿Por qué todo tiene que ser tan injusto? Hasta hace un tiempo, eras solo un amigo, alguien con quien compartía mis alegrías, aunque también mis penas, y hacías que todo fuera mejor. Alguien con quien pasaba divertidos ratos y quien me divertía con sus bromas. Pero ahora... Hay un problema. ¡Qué digo, un grandísimo problema! Pues... sí, que pasó lo que nunca tenía que haber pasado. Me enamoré de ti. Tus ojos me parecen ahora más bonitos que nunca. Daría todo lo que fuera por ver tu sonrisa millones de veces. Que me abrazaras y no me soltarás jamás. Pero no puede ser, porque tú solo me ves como a una amiga. Y yo estoy aquí, esperando a que te des cuenta de lo mucho que te quiero. No puedo soportar estar días tras día junto a ti y que seamos simplemente unos conocidos, pudiendo ser algo más. Y ahora lloro por esta impotencia que siento. Pero... ¿Sabes qué es lo más curioso? Que tú eres el único que puede consolarme y hacerme sacar esa sonrisa de niña chica que tengo y que tanto te gustaba.

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