sábado, 28 de febrero de 2015

Te fuiste.

Te fuiste de mi vida sin importarte lo más mínimo cómo iba a estar yo sin ti. Te fuiste sin importarte si alguna vez más iba a necesitarte conmigo, a mi lado, abrazándome. Te fuiste sin importarte las consecuencias que yo iba a tener que asumir debido a tu marcha.
Y desde ese momento, cada día te necesito más que el anterior porque cada día que pasa, tu ausencia pesa más, porque tú me ayudabas a ser feliz y me ayudabas también a aguantar mis problemas y no hundirme, porque en vez de caer sólo en mí, caían en ti y en mí. Y ahora que tú no estás, tengo la responsabilidad de ser feliz por mi misma y de superar yo sola mis problemas. Pero es que estos últimos días, me he dado cuenta de que sin ti últimamente no puedo, porque ya no tengo tu hombro sobre el que llorar hasta no poder más, ya no tengo tus manos para que me limpien las lágrimas y me sujeten antes de cada caída y tampoco te tengo a ti para que te tumbes a mi lado si ves que no has podido cogerme.
Desde que te fuiste, mi habitación, mis manos, mis abrazos, mis oídos, mi voz, mis besos, mi corazón y mi vida se sienten vacíos.

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